Acompáñanos al Festival 4:20 en los canales de Xochimilco

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Una moneda al barquero es el precio que hay que pagar para cruzar los milenarios canales de Xochimilco. Una vez del otro lado, una decena de carpas amarillas escondidas entre las chinampas del sur de la ciudad de México marcan el punto de reunión para una celebración infame este 31 de octubre. Es Halloween y después de meses paralizados por la pandemia de COVID, la comunidad cannábica mexicana se congrega desde lejanos puntos de la república para el primer evento masivo del año: el Festival 4:20.

Una horda de activistas con dedos verdes y ojos rojos acude al llamado desde trincheras en Guadalajara, Coahuila, León, Cholula, y otras localidades donde las consignas del cannabis han creado núcleos de acción civil. Tras meses paralizados por la contingencia resultante del COVID-19, la comunidad cannábica mexicana lleva a cabo el primer evento masivo del año, y el mensaje es claro: basta de pretextos, es momento de regular la marihuana.

Regulación sin Resolver no impide eventos

De acuerdo con la actualidad política nacional, la marihuana debió haber sido regulada desde el 30 de abril de este año. Esta fecha marcaba el límite establecido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación para que el congreso creara las leyes que permiten el consumo y cultivo de marihuana, luego de haberse logrado una jurisprudencia que marcó un precedente histórico para los consumidores mexicanos. Sin embargo, a raíz de la pandemia de COVID-19 y las medidas de confinamiento resultantes, se detuvo el calendario regular de actividades legislativas, por lo que se dio una prórroga al congreso que termina el 15 de diciembre.

Sin embargo, al margen del simulacro de regulación en el Congreso (el primer amparo para consumo personal se ganó en 2015, mientras que la Cámara de Diputados aprobó el uso medicinal de cannabis desde 2018, y desde entonces se espera el reglamento que norme su uso), la comunidad cannábica mexicana lleva años realizando eventos esporádicos, en ocasiones clandestinos y en ocasiones masivos, para crear foros de información y espacios de convivencia e intercambio de información sobre esta planta. Así han surgido Expoweed, la Copa Cannábica, Cannamexico (organizado por el expresidente Vicente Fox), pero también cenas formales con pocos invitados en donde se sirve una cena de varios tiempos infusionada con distintas concentraciones de cannabis.

Pero la enfermedad que paralizó al Congreso paralizó también a la comunidad cannábica. La cancelación de Spannabis en marzo —la feria más grande de marihuana en el mundo, llevada a cabo en Barcelona—, marcó el destino de todos los grandes eventos cannábicos a nivel internacional y local. Las copas de High Times se cancelaron, el día mundial por la liberación de la marihuana tuvo su primer año sin marcha, Expoweed México, Chile y otras ferias tuvieron ediciones únicamente virtuales… 

Festival 4:20: Cannábicos en Xochimilco

En medio de este sombrío panorama, y aprovechando una caída en el número de contagios y un inestable semáforo naranja, brota de las tierras xochimilcas el Festival 4:20. Originalmente planeado para celebrar las 4:20 en el día 20 del mes 40 del año 2020, el festival se recorrió hasta el día de hoy, 31 de octubre, para respetar las medidas de confinamiento. 


La cita es a las 8 de la mañana en uno de los embarcaderos de Cuemanco, al sur de la Ciudad de México. Ahí, uno de los organizadores espera para revisar el nombre de cada uno de los asistentes previamente registrados. Una vez confirmada su identidad, los asistentes somos dirigidos a la orilla del canal, donde un barquero sobre una canoa espera para cruzar grupos de 5 a 8 personas a través de los canales. Al cruzar, bajamos uno por uno en chinampas con casas, huertos, ganado, campos de futbol y pastizales. “Unas lonas amarillas” son la única indicación para llegar al lugar indicado. Después de caminar un kilómetro chinampa adentro, se pueden ver las lonas. Antes de llegar, una segunda canoa más pequeña nos cruza por un canal más pequeño, y a continuación un pequeño sendero dirige a la entrada del recinto.

 

El sendero rodea un huerto con distintas hortalizas, además de algunas plantas hembra de marihuana. Al terminar el huerto, se abre una explanada con diferentes espacios. En la entrada, un pequeño tiranosaurio rex metálico sostiene una planta de marihuana entre sus dientes, y detrás de esta figura un grupo de personas levanta la estructura para realizar un temazcal. Más adelante, diferentes puestos de comida ofrecen costillas, pollo y salchichas, y por otro lado, sándwiches, ensaladas y guisos. Poco después comienzan los puestos de distintas iniciativas cannábicas: desde la copa cannábica de Jalisco hasta la venta de esquejes de plantas de marihuana, además de un espacio acondicionado con bocinas destinado para las distintas charlas informativas y las presentaciones musicales planeadas para el festival. 


Un pequeño puente de madera al final de esta explanada conecta con la chinampa lateral. Ahí, otra lona amarilla refugia más puestos de iniciativas cannábicas, como las semillas de Santa Rosa Green Seeds, prensas de rosin, bongs y vaporizadores de Vapotlán, sábanas y charolas para forjar. Además, una sección con flores de distintos colores adorna con cempasúchil el número 420, protagonista del evento. 

El festival existe como un espacio de convivencia donde el consumo de cannabis es tolerado y practicado en sus distintas modalidades. En una mesa Seven Tentadores prepara mojitos infusionados con THC, y unas mesas después se prensa rosin en vivo para después ser fumado mientras aún está caliente. Más adelante se puede encontrar una amplia variedad de comestibles infusionados para un viaje largo y sin el riesgo que conlleva fumar, desde las tradicionales galletas y gomitas hasta un dulce de calabaza para pachequear con la fruta de temporada. Mientras exponen diferentes ponentes hablando sobre cannabis y reducción de daños, los asistentes pululan por los puestos mientras fuman o preguntan información de los distintos proyectos. Algunos conservan su cubrebocas mientras otros comparten porros y babas. El espacio es amplio y permite que haya una distancia prudente entre los asistentes. 

Las ponencias terminan para dar paso al dub, y con la música llega la noche y el viento. Poco a poco los puestos comienzan a levantarse, algunos arman el último porro y se despiden; otros van por un último mojito. El festival es un éxito, con consumo responsable, informado y abundante. A pesar de haber estado separados por meses, activistas de todo el país se reunieron por varias horas para recordar dejar claro que en el país hay una sociedad atenta y activa, lista para compartir porro o reclamar sus derechos.

El futuro legal de cannabis en México es incierto. Con el reglamento de cannabis medicinal pendiente y un mandato de la Suprema Corte para permitir el consumo y cultivo, todo pareciera apuntar hacia una inminente regulación. Sin embargo, el gobierno mexicano ya ha establecido fechas límites que no han podido acatar. Con los ojos del mundo encima, las decisiones del gobierno mexicano podrían marcar la pauta para muchos países que se encaminan hacia la inclusión del cannabis legal. Mientras eso pasa, la comunidad cannábica mexicana aprovecha cada espacio y cada oportunidad para hacerse presente, alzar la voz y dejar claro que cualquier regulación que se esté preparando debe considerar primero a los usuarios.

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